Reales Academias
Real Academia de Bellas artes de San Fernando.- Calle de Alcalá, 13.
El 13 de Julio de 1744, el rey Felipe V fundó una Academia de bellas artes similar a la que ya existía en otros países europeos, y cuyo objeto no sería otro que el perfeccionamiento y estudio de las tres nobles artes de pintura, escultura y arquitectura. Su primera reunión se produjo cinco días más tarde en el domicilio de D. Juan Domingo Olivieri, escultor de la Real Casa, y el 1 de Septiembre siguiente se celebró su primera junta general en unas salas del piso principal de la Real Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor.
En 1773, durante el reinado de Carlos III, la Academia va a pasar a su emplazamiento actual en la calle Alcalá, que en ese momento estaba ocupado por el Gabinete de Historia Natural. En 1873, durante la Primera República, cambió su denominación por la de Academia de Bellas Artes de San Fernando, y posteriormente, con la Restauración de Alfonso XII adoptó su nombre actual de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En cuanto al edificio, fue construido entre 1724 y 1725 por el arquitecto José Benito Churriguera como casa-palacio de Francisco Miguel de Goyeneche, conde de Saceda y marqués de Belzunce. Posteriormente sirvió de estanco de tabaco y Gabinete de Historia Natural, hasta que en 1773 pasó a albergar a la Academia. Esta adquisición motivó una renovación del edificio por parte del arquitecto Diego de Villanueva quien limpió la fachada de todos aquellos elementos demasiado barrocos y que la Academia consideraba prescindibles. Monumento Nacional desde 1971, fue restaurado entre 1974 y 1985 por el arquitecto Fernando Chueca Goitia.

Real Academia de la Historia.- Calle del León, 21.
Fue fundada como una sociedad particular en 1735 y celebraba sus reuniones en unas salas de la Biblioteca Real, entonces emplazada en la Casa del Tesoro. Pronto consiguió la protección de Felipe V, quien el 18 de Abril de 1738 mandó crear la Academia de la Historia.
El 25 de Junio de 1773, Carlos III dispuso que la Academia fuera trasladada a la Casa de la Panadería, lugar en el que permaneció hasta que el 19 de Abril de 1871 se ordenó su traslado a un edificio en la calle del León, conocido como la «Casa del Nuevo Rezado», y donde todavía permanece.
La Casa del Nuevo Rezado había sido construida por Juan de Villanueva a partir de 1789, sobre unas casas que habían pertenecido al Señor de Húmera. El nombre de la casa le viene porque su función era la de depósito de los llamados «libros de rezo diario», cuyo privilegio de venta tenían los monjes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, por eso hay una parrilla esculpida encima de la portada, que no es otra cosa que el símbolo de este monasterio y del martirio de San Lorenzo.
Antes de que se instalara la Real Academia de la Historia, el edificio ha tenido diversos usos; hacia 1860 fue residencia del Patriarca de las Indias, y posteriormente del Archivo Histórico Nacional. Reformado entre 1871 y 1874 por el arquitecto Eduardo Saavedra, fue declarada Monumento Nacional en 1945.

Real Academia Española de la Lengua.- Dirección: Calle de Ruiz de Alarcón, 17.
Las primeras iniciativas para la fundación de la academia se deben a Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, pues estando de virrey en Nápoles pudo comprobar por sí mismo el mal uso que se hacía de la lengua castellana, por lo que a su regreso a España propuso al rey Felipe V crear una institución con el fin de velar por su correcta utilización. De este modo, se creó en 1713 la Real Academia Española con la misión de cultivar y fijar la pureza y la elegancia de nuestro idioma.
Entre 1713 y 1715 se establecieron la forma de gobierno, los estatutos, la organización de la institución y el número de miembros que tendría, aprobándose también un primer plan para la elaboración de un diccionario. En un principio la academia celebró sus reuniones y juntas en las casas del marqués de Villena, que a la sazón había sido nombrado su primer director, y después siguieron celebrándose en las casas de los sucesivos directores, hasta que en 1754 Fernando VI les cedió algunas habitaciones de la Casa del Tesoro.

Durante el breve reinado de José I Bonaparte se produjo su traslado a la calle de Valverde, 26, al ser derribada la Casa del Tesoro para crear la futura Plaza de Oriente.
En esta nueva sede, se contaba con dependencias más espaciosas para sus funciones y para albergar su copiosa biblioteca. En 1847 y 1859 sendas reorganizaciones trajeron un aumento del número de académicos de plaza y supernumerarios.
Aprovechando la apertura de la calle de Alfonso XII ,  en 1884 la academia inició los trámites pertinentes para ubicar su sede en esta nueva barriada que se estaba construyendo. Tras varios años de espera, en 1891 se encargó al arquitecto Miguel Aguado de la Sierra la construcción del nuevo edificio, sobre un gran solar rectangular.
La nueva sede, inaugurada en 1894 por la reina regente María Cristina de Austria, fue concebida con gran sencillez y funcionalidad, y, sobre todo, con la intencionalidad de que sus trazas neoclásicas encajaran con la estética del Museo Nacional del Prado. De hecho, los recursos técnicos y los materiales empleados en su construcción son de inspiración dieciochesca: una gran caja realizada con lienzos de ladrillo en los que impera la simetría de los vanos y frontones realizados en piedra, así como de unos pocos motivos decorativos. Al igual que el Museo Nacional del Prado, la fachada principal es clasicista, estando compuesta en este caso por un pórtico de columnas dóricas, frontón y escalinata.

Real Academia de Medicina y Cirugia.- Calle de Arrieta, 12.
Los orígenes de esta institución se remontan a comienzos de la década de 1730 con las reuniones y tertulias que un grupo de médicos, farmacéuticos y profesores celebraban en las casas del doctor José Ortega y Hernández, en la calle de la Montera. Estas reuniones, que tomaron inicialmente el nombre de Tertulia Literaria Médica, se erigieron en la Academia Médica Matritense por merced de Felipe V en 1734.
El Real Decreto de 8 de Agosto de 1830 recogía nuevas normas sobre sus componentes y sus objetivos, siendo los principales el cuidado de la salud pública, el estímulo de la enseñanza, el progreso de la medicina y el apoyo científico a la Junta de Sanidad. En consecuencia, también regulaban y vigilaban los experimentos y publicaciones médicas, además de asesorar en la construcción de instalaciones sanitarias, cárceles, lazaretos, cementerios, canales, nuevas poblaciones, teatros y otros lugares públicos. En 1861, después de largos años de trabajo, le fue reconocida su importancia científica y social.
A comienzos del siglo XX, algunos académicos trabajaban por dotar a la institución de una nueva sede que contara con estancias más espaciosas y adecuadas para realizar sus funciones y celebrar sus juntas. Finalmente, por el Real Decreto de 3 de Diciembre de 1909 el gobierno aprobaba el proyecto oficial para construir la nueva academia, en un solar de la calle de Arrieta en el que durante muchos años había estado la Biblioteca Nacional. Al año siguiente el arquitecto Luis María Cabello Lapiedra redactaba el proyecto y se hacía cargo de la dirección de las obras hasta su conclusión tres años después. De este edificio de trazas clásicas entre medianerías, cabe destacar la acústica y la iluminación del anfiteatro del salón de actos, y la composición de la fachada con un interesante acceso flanqueado por cariátides.